5:06 pm - domingo octubre 22, 2017

El narrador y el narratario

La buena narrativa de ficción tiene para mí dos etapas bien diferentes:

La primera es la impronta, aquella cuando el autor escribe como resultado de una descarga emocional, la liberación psíquica y el inconsciente. En el momento de la escritura, el autor es un demiurgo, un creador, llega a creerse el mismo Dios.

La segunda es la terminación de la obra escrita, cuando el autor la revisa con el empleo de las herramientas que haya logrado adquirir aunque sea de manera elemental, mucho mejor si esas herramientas se basan en la técnica narrativa porque las haya aprendido de manera autodidacta o siguiendo cursos programados.

Es en esta segunda etapa que cobra importancia el dominio de las diferentes variables que operan en la narratología, la que se define de diversas maneras en dependencia del punto de vista adoptado:

a) Como disciplina autónoma encargada de estudiar la diégesis de los discursos. Aquí lo que interesa es el estudio de las acciones dentro de la narración.

b) Como una parte de la semiótica (relativo a la semiosis, o sea, la operación productora de signos) que se encarga de describir el nivel narrativo. A esta parte le interesa describir la narración en sí misma, es decir la trama.

c) Como una parte de la semiótica que se encarga de descubrir el sentido de la narración. Aquí lo que interesa es la hermenéutica o sea, la interpretación de la narración.

Las tres vertientes de la narratología para mí son bien importantes y en un sentido práctico, a todo escritor debería interesarle de esa disciplina resolver los siguientes problemas:

1º Cuáles son los mecanismos psíquicos que permiten construir la narración.

2º Por qué, para qué y para quién escribimos la narración.

3º Cómo debo narrar si pretendo convertirme en sujeto de la comunicación con un objeto de la misma que es el lector.

Hablando de esto, ya nos acercamos al tema que pretendo abordar en este artículo y que lo formulo así:

¿QUÉ RELACIÓN EXISTE ENTRE EL ESCRITOR Y EL LECTOR?

Daré varias respuestas a esta pregunta, siempre desde el punto de vista narratológico, pues voy a basarme en los estudios de la narratología que tanto me han ayudado a abordar los materiales que de manera cruda me da la historia (asumiendo como tal los hechos sucedidos en la vida real tamizados por mi imaginación) para convertirlos en una trama (que son las acciones que suceden en el mundo de la ficción tal como las presento en mis cuentos y novelas).

RESPUESTA 1: La existencia del narrador

Cuando uno va planificando una NARRACIÓN (así llamaremos por comodidad lo mismo al cuento que a la novela, aunque desde luego ambos géneros no son iguales en todo) dentro de mi imaginación, debo pensar no como AUTOR sino como NARRADOR, porque el narrador:

*Es una categoría de la ficción.

*Es un recurso ficcional o elemento técnico.

*Es el sujeto de la enunciación narrativa cuya voz cumple las siguientes funciones:

a) Describir el espacio narrativo.

b) Lograr el desarrollo del tiempo narrativo.

c) Desarrollar los personajes de la narración.

d) Describir las acciones de los personajes.

Sobre el narrador decimos entonces que nunca es el autor real del relato, sino una figura hipotética creada por el enunciado narrativo mismo. O sea, que según este concepto el autor no crea al narrador, sino que al narrador lo crean las propias circunstancias de la narración. Por lo tanto, cada circunstancia específica tiene un narrador específico también, y corresponde al escritor o autor encontrar el narrador adecuado para esa circunstancia.

Veamos un ejemplo tomado del cuento Macario de Juan Rulfo:

“Estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas. Anoche, mientras estábamos cenando, comenzaron a armar el gran alboroto y no pararon de cantar hasta que amaneció. Mi madrina también dice eso: que la gritería de las ranas le espantó el sueño. Y ahora ella bien quisiera dormir. Por eso me mandó a que me sentara aquí, junto a la alcantarilla, y me pusiera con una tabla en la mano para que cuanta rana saliera a pegar de brincos afuera, la apalcuachara a tablazos…”

Este narrador:

*Es protagonista de la narración por cuanto nos habla de una experiencia personal.

*Desde un supuesto presente de la narración nos narra tanto el presente (esperar a que salgan las ranas) como cierto pasado (cuando las ranas cantaron hasta que amaneció), es decir, narra el pasado desde el presente en lo que se conoce como retrospectiva.

Veamos ahora otro narrador que sin dejar de parecerse al protagonista anterior en realidad no lo es, y sin dejar de ser testigo emplea la primera persona de una manera tangencial, tal como sucede en el cuento La intrusa de Jorge Luis Borges:

“Dicen (lo cual es improbable) que la historia fue referida por Eduardo, el menor de los Nelson, en el velorio de Cristián, el mayor, que falleció de muerte natural, hacia mil ochocientos noventa y tantos, en el partido de Morón. Lo cierto es que alguien la oyó de alguien, en el decurso de esa larga noche perdida, entre mate y mate, y la repitió a Santiago Dabove, por quien la supe…”

Hasta aquí, el fragmento tiene un total de seis narradores (a eso yo le llamo entrega de un narrador a otro) como si el autor implícito de la narración (e incluso el autor real) pretendieran confundir al narratario (ya veremos más adelante quién es este) a tal grado que ya no se sabe quién fue el narrador original de lo que nos van a narrar.

Y este otro fragmento inicial de Casa tomada de Julio Cortázar:

“Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia…”

Este es otro caso de narrador testigo protagonista que se colectiviza con el NOSOTROS-NOS para convertirse en una voz colectiva, en un narrador que asume la responsabilidad de contarnos por él y por otros.

RESPUESTA 2: El narrador fuera de la narración

Si bien ya vimos que el narrador dentro de la historia puede ser personaje protagonista, personaje no protagonista y personaje testigo, ahora debemos mirar el caso en que el narrador no está dentro de la trama. Empecemos por el fragmento inicial de Narciso, de Manuel Mujica Láinez:

“Si salía, encerraba a los gatos. Los buscaba, debajo de los muebles, en la ondulación de los cortinajes, detrás de los libros, y los llevaba en brazos, uno a uno, a su dormitorio. Allí se acomodaban sobre el sofá de felpa raída, hasta su regreso. Eran cuatro, cinco, seis, según los años, según se deshiciera de las crías, pero todos semejantes, grises y rayados y de un negro negrísimo…”

Aquí aparece un narrador que podemos considerar testigo indirecto porque si bien no participa de la narración internamente (no es personaje protagonista ni usa la primera persona propia del testigo) tiene un conocimiento pleno de lo que sucedió en la narración.

RESPUESTA 3: El narrador fronterizo con la narración

Sin agotar todavía el tema de los tipos particulares de narradores que podemos encontrar en diferentes narraciones, copio aquí un fragmento encontrado que me parece interesante por lo que nos enseña acerca del giro que podemos darle a una narración. Se trata de Tonto, de Julio Cortázar, que de inicio se nos presenta como si estuviera dentro de la narración como mero testigo:

“Qué le vas a hacer, ñato, cuando estás abajo todos te fajan. Todos, che, hasta el más maula. Te sacuden contra las sogas, te encajan la biaba…”

Hasta aquí tal parece que se trata, reitero, un narrador testigo pero cuando sigue luego de un punto y seguido en la palabra biaba podemos leer:

“Andá, andá, qué venís con consuelos vos. Te conozco, mascarita. Cada vez que pienso en eso, salí de ahí, salí. Vos te creés, que yo me desespero, lo que pasa es que no doy más aquí tumbado todo el día. Pucha que son largas las noches de invierno, te acordás el pibe del almacén cómo lo cantaba. Pucha que son largas…Y  es así, ñato. Más largas que esperanza´e pobre…”

Y aquí de pronto el supuesto testigo se nos convierte en protagonista, y el ñato es el que viene a ser el testigo de un narrador protagonista en segunda persona.

Si he presentado este último ejemplo es para hacer notar por una parte que no podemos hacer juicios apresurados sobre un narrador por un fragmento de la narración, pues muchas veces se suele cambiar el tipo de narrador sin que constituya un error técnico y para saberlo hay que conocer el concepto de narratario.

RESPUESTA 4: La existencia del narratario

Para formular la teoría de que en toda narración existe no sólo un narrador sino también un narratario, apelamos al argumento de la lógica: si existe narración es porque alguien narra y a ese alguien le hemos llamado narrador o sea:

SUJETO FICTICIO DE LA NARRACIÓN QUE CUMPLE LAS FUNCIONES DE DESCRIBIR: el espacio, el desarrollo del tiempo, los personajes y sus acciones”.

Pero si existe un sujeto es porque también existe un OBJETO. Al objeto de la narración se le llama de manera convencional NARRATARIO, tal como lo ha nombrado la narratología y se define así: OBJETO FICTICIO DE LA NARRACIÓN QUE JUSTIFICA LA EXISTENCIA DE LA MISMA.

Si como dijimos, el narrador es construido por la propia narración, entonces el narratario también debe su existencia a la narración porque “no hay sujeto sin objeto” y si partimos de que el narrador es quien refiere el relato, hay que preguntarse: “¿a quién se lo refiere?”.  La respuesta más general dentro de la lógica es “a alguien”, y ese alguien es lo que llamamos narratario.

Existen dos tipos de narratarios:

Marcado: cuando el narrador señala en algún momento y de cualquier manera a quién se está dirigiendo.

No marcado: cuando el narrador no se preocupa por señalar a quien le narra.

Siguiendo el criterio de Renato Prada Oropesa, podemos decir que marcar o no al narratario define:

*El vocabulario, las acciones de los personajes y las posibles interpretaciones de las mismas.

Es decir, marcar o no al narratario obliga al narrador a una composición discursiva determinada pues no es lo mismo dirigirse a un narratario en general (no marcado) que de manera específica a un cierto narratario (marcado) por ejemplo:         

*Narratario: Policía que acaba de detener al ladrón

Algunos narradores posibles: Jefe de policía, amigo del ladrón, el propio ladrón.

*Narratario: Enfermo de gravedad

Algunos narradores posibles: Médico, familiar cercano, el propio enfermo.

Lo que quiero hacer notar es que la pareja narrador-narratario resultan inseparables.

En el caso de los ejemplos expuestos antes, podemos describir a cada narratario de la siguiente manera:

*En Macario de Juan Rulfo:

Narrador: testigo protagonista

Personajes: Las ranas, la madrina y el narrador

Narratario: no marcado

*En La intrusa de Jorge Luis Borges:

Narrador: testigo no protagonista

Personajes: “Dicen”, Eduardo, Cristian, alguien, alguien, Santiago Dabove, el narrador

Narratario: no marcado

*En Casa tomada de Julio Cortázar

Narrador: testigo protagonista

Personajes: “Nosotros” y sus familiares ya muertos

Narratario: no marcado

*En Narciso de Manuel Mujica Láinez:

Narrador: Testigo indirecto

Personajes: Los gatos y el que encerraba a los gatos

Narratario: no marcado

*En Tonto de Julio Cortázar:

Narrador: Fronterizo

Personajes: Ñato, “Todos”, el pibe del almacén, el narrador

Narratario: marcado (el tal “Ñato”)

RESPUESTA 5: El narrador no es el autor pero tiene sus huellas

Aunque la teoría narratológica establece de manera absoluta que el narrador no es el autor, a mí por lo menos no me caben dudas que al narrador lo crea el autor  y por lo tanto en los diferentes narradores que surgen de la mano de un mismo autor habrá siempre aspectos comunes: el estilo personal de escribir, las experiencias vitales que ha tenido, su forma de pensar, etc. Siguiendo atentamente al narrador se podrá llegar a cómo piensa el autor.

RESPUESTA 6 Y FINAL: El narrador no es el autor pero si bien el primero influye en el tipo de construcción del relato, el segundo determina la interpretación del mismo.

Ya expliqué la influencia del narratario en la construcción del relato y en el caso del lector, es evidente que los lectores más cultos, o más entrenados en la técnica y en el conocimiento del llamado pacto narrativo que existe entre él y la narración, le ayudan a acercarse más a las verdaderas intenciones del autor con cada uno de sus diferentes relatos.

Sin embargo, los menos entrenados en la lectura se perderán en falsas hipótesis llegando a interpretaciones erróneas o falsas del relato que terminan de leer.

Prometo hablar en la próxima oportunidad acerca de la construcción de los personajes, porque considero que no quedó todo dicho en el artículo que titulé Acerca de los personajes.

Categorías: Artículos literarios

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