10:30 am - Miércoles Septiembre 20, 2017

APROXIMACIONES A LA NARRATIVA CONTEMPORÁNEA (Parte 1)

1. Introducción

El título del presente texto ensayístico responde a mi intención de expresar que se puede escribir narrativa hoy o mañana sin que sea contemporánea porque la contemporaneidad no tiene nada que ver con el tiempo histórico que vive el autor (el hoy de la persona) sino con la capacidad que tenga para crear con las herramientas de la narrativa que emplean la generalidad de los escritores de ese tiempo .

Advierto desde ahora que no voy a fundamentar mis criterios personales con el principio de autoridad al estilo de esos tratados con 100 páginas de citas ajenas y sólo 8 ó 10 originales del autor. Tampoco voy a negar mis lecturas sobre técnica narrativa, semiótica, estructuralismo, vanguardismo, estética e historia del arte y la literatura. Ni mis análisis críticos de gran cantidad de autores de cuentos y novelas, lecturas que no he realizado por placer sino para estudiar sus leyes creativas.

A no dudarlo, este método autodidáctico que en cierta medida es un rechazo al academicismo uniformador y a veces deformador propio de escuelas y universidades me han llevado a sostener el siguiente principio: el escritor que no domine la técnica narrativa no debería arriesgarse a escribir cuentos y novelas.

Entonces ha llegado el momento de decirles que he preparado esta especie de disertación que no de conferencia bajo los siguientes corolarios o proposiciones de las que no pienso ofrecer pruebas particulares sino simplemente decir que bajo tales reglas escribo mi propia narrativa:
(a) La narrativa es el arte de convertir una historia en una trama.
(b) La narrativa siempre es ficción.
(c) La narrativa es un oficio y como todo oficio posee técnicas particulares.
(d) El escritor que desee escribir buena narrativa está obligado a adquirir y a dominar esas técnicas.
(e) Aunque el talento para escribir no puede aprenderse ni enseñarse por ser un don que viene con los genes del individuo, las técnicas sí pueden aprenderse mediante el estudio y por variados métodos.

Finalmente, aclaro lo siguiente: no vengo a sentar cátedra ante ustedes con verdades absolutas porque aborrezco el principio de autoridad. Sólo deseo inquietarlos con algunas cuestiones acerca de las técnicas narrativas para incitarlos a que busquen sobre ella sus propias verdades como escritores.

2. Cómo se puede llegar a ser un buen escritor de narrativa.

Creo que todos quisiéramos haber escrito obras como El Quijote, o quizás como el Ulises de Joyce. Tal vez otros consideren como arquetipo de novela El nombre de la rosa de Humberto Eco o vaya usted a saber qué otro texto narrativo: lo cierto es que jamás podremos escapar al gusto personal porque el mismo viene condicionado por el goce estético de cada lector en particular.
Pero ya puestos en el papel de escritores deberíamos tomar distancia al estilo de Brecht de todas las obras escritas o por escribir y pensar en algunas características de otras maneras que existen de escribir una trama.

Por ejemplo, el cine y la televisión tienen para ello el sonido, la imagen y las palabras; la radio cuenta con el sonido y las palabras, sin embargo, para contar una trama con las técnicas de la narrativa sólo contamos con las palabras, de ahí que sea de los tres medios el más limitado en cuanto a recursos técnicos y por tanto requiere no sólo del dominio de la técnica narrativa sino además del conocimiento adecuado del idioma en que se escribe.

Morfología, sintaxis, fonética, ortografía, normas académicas y lecturas diarias de otros autores deberían de ser el primer paso a dar por todo el que se atreva a involucrarse en esta aventura de escribir narrativa. Dudo mucho que leyendo periódicos y revistas aunque sean literarias sin método alguno se pueda llegar a una meta medianamente aceptable.

En este mismo orden de ideas llegamos a otras dos comparaciones que pueden servirnos de alerta para no hacer el ridículo como escritores. Me refiero a no confundir la narrativa otras formas de expresarse.

La narrativa y la conversación. Durante una conversación entre dos o más dialogantes suelen existir reiteraciones de ideas, palabras mal pronunciadas, ideas confusas, errores de sintaxis y un rosario de deficiencias idiomáticas que pueden pasarse por alto por consideración y respeto hacia los que se expresan de tal manera; o bien resolverse con la aclaración en el momento de la conversación. Sin embargo, la narrativa queda plasmada en el papel, no es lógico que el autor esté al lado de nosotros mientras leemos su libro para explicarnos lo que pretendió decir: es obvio entonces que la buena narrativa exige un dominio estricto del idioma en que se escribe.

Por ejemplo, en una conversación es habitual escuchar lo siguiente:
“Elena y Juana eran muy buenas amigas pero ella acabó con esa amistad”. ¿Cuál de las dos acabó con la amistad?
“Parecía aquello un corral de puerco lleno de churre”. ¿Quién estaba lleno de churre, el puerco o el corral?
“Qué fue lo que pasó” en lugar de “Qué pasó” o “Qué sucedió”.

He leído tales errores y muchos más en originales de textos narrativos por lo que insisto: quien vaya a escribir narrativa, debe preocuparse por conocer las reglas del idioma.
La narrativa y la correspondencia personal. Por medio de las cartas se narran hechos reales o ficticios (recordar que existen personas abiertamente mentirosas o simplemente fantasiosas), amén de que cada persona refiere los hechos de la realidad desde su punto de vista personal. Sin embargo, si bien cualquier individuo es capaz de escribir una carta y de hecho existen epístolas que constituyen obras de arte, la generalidad de las personas escriben sus cartas tal como hablan. Voy a citar un fragmento de una carta que me mostraron hace poco y pedí permiso para copiar el siguiente fragmento:

“…por permitirme por lo menos ver roto el hielo…” (en lugar de haber).
“…le plantie lo de su viaje…” (en lugar de plantee).

Y muy cierto, en una oportunidad recibí una nota citándome para una reunión que decía lo siguiente: “Estimado compañero, los estamos citando para la reunión de balance del año, el día 30 del presente mes a las 2.00 p.m en el Teatro Heredia. Contamos con su puntualización…” (en lugar de puntualidad).

Reitero con estos ejemplos que quienes deseen escribir buena narrativa deberán exigirse a sí mismo cada día aumentar su conocimiento sobre el idioma: esto no es tarea del editor ni de otros escritores, sino del propio autor de la obra.

Categorías: Artículos literarios

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