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ACERCA DE LA NARRATIVA CONTEMPORÁNEA (Parte 2)

3. Algunos binomios que arrojan luz sobre las técnicas narrativas.

Entremos ya en el terreno de las técnicas narrativas como tal aunque sea de una manera elemental, pues referirnos a todos los aspectos o elementos que las mismas contienen requiere de varias horas lectivas e incluso de ejercitaciones, proyecto que presenté al Centro Provincial del Libro y aunque no fue considerado no he renunciado a ejecutarlo en alguna oportunidad.

3.1 Pasado y modernidad: la arrancada.

Usted puede escribir de dos maneras: al estilo de Balzac, muy siglos pasados, y comenzar su obra narrativa así:
“La señora de Vauquer, Conflans de apellido de soltera, es una anciana que, desde hace cuarenta años, tiene en París una casa de huéspedes en la calle Neuve-Sainte-Geneviève, entre el Barrio Latino y el arrabal de Sant-Marceau. Esa casa de huéspedes, conocida por el nombre de Casa Vauquer, admite lo mismo a hombres que a mujeres, a jóvenes que a ancianos, sin que jamás la maledicencia haya tenido motivo para atacar las costumbres de tan respetable establecimiento…” (Tomado de Papá Goriot).

O bien atrapar al lector desde la primera página con una arrancada al estilo de García Márquez:
“…Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados…” (Tomado de El amor en los tiempos del cólera).

Después del título, lo que mejor suele convencer al lector de no abandonar la lectura de una obra narrativa (novela o cuento) es el planteamiento inicial que haga el narrador del conflicto, de ahí que saber arrancar es ya una posibilidad de ganarse al lector. Porque resulta un cuento mal contado eso de que se escribe para uno mismo: el escritor es un comunicador y si no tiene lectores puede darse por perdido.

Consideremos otras arrancadas de novelas de escritores contemporáneos:

“Nadie está preparado para una noticia como esta, nadie quiere recibir a dos policías con caras de circunstancias con la difícil misión de informar al señor Demetrio de Falero que su esposa y sus hijos han fallecido en un accidente repentino, uno es incapaz de creerlo a pesar de que los policías sean muy cautelosos, de esos gestos que los delataron desde el principio”. (Tomado de El amo de las tumbas, de Guillermo Vidal).

“Me avisaron temprano en la mañana. Mi padre está tendido a dos pasos de mí. Se ahogó con un poco de flema. El velorio ha mezclado con tranquilidad las rondas de café turbio, el sonido de pasos arrastrándose sobre las losetas brillantes, voces que inclinan hacia mí y hacia Berta las condolencias, rostros asomados sobre el ataúd para construir los rictus de ocasión”. (Tomado de El círculo de los infieles, de Alberto Garrido).

“Pues esa noche, de paseo por La Habana, estuvo muy locuaz. Cualquier cosa le servía de asunto, se le convertía en tema. Sus amigos lo escuchaban exaltados y se detenían en las esquinas, no para cuidarlo y cuidarse del tránsito, a esas horas casi convertido en palabras, sino para rodearlo, acuciarlo con preguntas, contradecirlo un poco y espolear su imaginación de contrincante”. (Tomado de La noche del aguafiestas, de Antón Arrufat).

“En ese tiempo remoto, yo era muy joven y vivía con mis abuelos en una quinta de paredes blancas de la calle Ocharán, en Miraflores. Estudiaba en San Marcos, Derecho, creo, resignado a ganarme más tarde la vida con una profesión liberal, aunque, en el fondo, me hubiera gustado más llegar a ser un escritor. Tenía un trabajo de título pomposo, sueldo modesto, apropiaciones ilícitas y horario elástico: director de informaciones de Radio Panamericana”. (Tomado de La tía Julia y el escribidor, de Mario Vargas Llosa).

“Si se vuelven ahora, recatadas la vuelta y la mirada, la verán esperar sentada, una calma o la sombra de una calma atravesándola. Cara de ausente tiene, cara de víveme y tócame, las piernas cruzadas en cruz. La verán esperar sentada en un sofá: los brazos abiertos, pulseras en los brazos, relojito en un brazo, sortija en los dedos, en el tobillo izquierdo un valentino con dije, en cada pierna una rodilla, en cada pie un zapatón singular”. (Tomado de La guaracha del Macho Camacho, de Luis Rafael Sánchez).

Observen por una parte que todas estas arrancadas se parecen a:

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor…” con todo y haber sido dada a conocer por vez primera en 1604, que a la de Papá Goriot.

Entonces de hecho ya les estoy proponiendo una primera interrogante: ¿qué es lo contemporáneo en la narrativa? y por otra parte sugiriendo un primer ejercicio: evaluar diferentes arrancadas de cuentos o novelas y llegar a sus propias conclusiones. En cuanto a las mías, sólo apunto de manera muy somera que:

*La de Balzac pretende darnos de un tirón una serie de detalles precisos que más bien parece que vamos a leer no una novela, sino un libro de sucesos reales, bien sea un testimonio o un libro de historia.

*García Márquez en cambio nos lleva al centro del conflicto desde el primer instante, con la pretensión de atraparnos con un hecho particular: el olor de las almendras amargas que es un recurso habitual de las novelas sobre envenenamiento con cianuro. Podrían comprobarlo leyendo el resto de la primera página.

*Guillermo Vidal también busca atraparnos con una trama policíaca, y Garrido emplea un recurso similar pero con una diferencia: mientras en el caso de la novela de Guillermo al parecer la muerte estará referida por un testigo lejano (el cual durante el transcurso de la trama cambiará de perspectiva), el recurso de Garrido consiste en acercar el muerto (el padre) al que nos cuenta la trama (el hijo: obsérvese la manera de narrar en primera persona desde el inicio.)

*Arrufat es violento al comenzar: da por sabidas una serie de circunstancias, cito: “Pues esa noche, de paseo por La Habana, estuvo muy locuaz”. Creo que todo lector se pregunte de inmediato: ¿quién paseaba por La Habana? Y con la palabra “creo” nos aleja mucho más al narrador-testigo de esa omnisciencia histórica que tan molesta y cargante resulta en Balzac.

*El autor de La guaracha del Macho Camacho emplea otro recurso para atrapar al lector: trata de convertirlo en su cómplice, haciéndole creer que está contando lo estamos mirando en ese mismo instante. Cito: “La verán esperar sentada en un sofá…”.

MI RECOMENDIACIÓN: seleccione 100 novelas (yo lo hice), estudie las primeras palabras hasta donde sienta de manera intuitiva que llega la arrancada, y extraiga sus propias reglas para arrancar sus textos sin convertir tales reglas en una camisa de fuerza ni en un cliché. Pero siempre es saludable estudiar lo que hacen otros escritores porque los teóricos de la literatura no son los que inventan la técnica narrativa. Quienes la inventamos somos los escritores por las necesidades que nos plantean nuestras propias narraciones. Lo que sucede es que luego vienen los teóricos, nos estudian y se atribuyen los descubrimientos de este o aquel procedimiento técnico. También es saludable estudiar a los teóricos, porque es de sabios no perder el tiempo tratando de descubrir lo que ya descubrieron otros.

Categorías: Artículos literarios

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